Una entre tantes…

Maranya son muchas cosas, son sueños e ilusión. Iván dice que este lugar siempre se ha caracterizado por ello y eso le da fuerza. Maranya es un montón de cosas tal y como dice Virginia, es una Maranya enmaranyada dice Mireia, y Víctor afirma que es una bola de nieve que baja rodando y que cada vez se hace más grande. Las personas que van cogiendo la bola de nieve no marchan, se van, se mueven dentro de Maranya, se mueven en los espacios porque las personas necesitan estar militando, estar trabajando con otras, hacer solidaridad, sentirse parte de algo en el mundo y se puede hacer en muchos lugares no sólo en La Maranya. Maranya permite muchas formas de hacerlo y si marchas de los lugares esto se convierten en transformaciones dentro del mismo espacio y hacen que la bola de nieve se haga más grande.

Por otro lado, Maranya sabe que tiene una imagen muy potente. Se ha conseguido consagrar como marca dentro de la cual hay mucho trabajo y contenido. Víctor dice que cuando nos encontramos con algo genuino, estamos tan acostumbradas a estar aisladas y solas que nos enganchamos enseguida. Por eso dice que son importantes estas marcas entendidas desde un lenguaje social y no desde un lenguaje de mercado. Maranya es ese ovillo rojo que desprende hilos entras las personas que pasan por allí, siempre está presente en cada proyecto y actividad que se monta, es esas camisetas cosidas de esa forma especial, es ese lenguaje de yo soy Maranya, es esa excusa que se ha conseguido construir para organizar a gente. Tanto Víctor como Virginia piensan que es maravilloso pero no tienen la sensación de que esto sea único e irrepetible, esto les genera una sensación de soledad que no entra dentro de la finalidad del proyecto.

Muchas de las personas que han conformado la Casa sienten que Maranya es un proyecto de gente trabajadora, “es una media de sesenta horas a la semana de trabajo durante unos cuantos años con la puerta abierta a todas aquellas que quieran aportar algo al mundo y sientan que este espacio significa algo para ellas. Podrán ser seis personas haciendo diez horas de esas sesenta o dividirse entre todas una hora y media, puede ser como sea pero es una suma de horas. Después es más cosas pero es una suma, es trabajo, es responsabilidad, es un ejercicio de renuncia a cosas personales por lo colectivo, es una persona que deja setecientos euros para pagar una puerta, aunque sabe que va a tardar en recuperarlos, otra que se va a comprar las juntas de insonorización porque hay que ponerlas ya y no pregunta como lo cobra, eso es Maranya”, así lo explica Víctor (EG).

«Desearemos que no sea única y sí una entre muchas más».

Además, es política. En el blog se declara como centro cívico político, como un espacio de debate, de crítica donde hacer política tan necesaria estos días, para hacer de Benicàssim un lugar mejor para vivir. No se hace política de partidos, no es un centro partidista porque defienden la libertad de pensamiento, la conciencia crítica de las personas y el proceso de crecimiento personal de cada una. En un mundo gobernado por comerciantes y especuladores apuestan por la ciudadanía que lucha a golpe de sueño por ser antes persona que cosa. Por eso es política, porque también es confianza, confianza en las otras y en ti misma para construir algo que sea colectivo.

Algunas ex activistas de las casas afirman que se necesitan espacios como Maranya en el que trabajar la conciencia crítica de las personas. Para ellas es un referente y les gustaría que continuara durante muchos años y se pudiera incluso extender por más pueblos de la zona. Sienten que la gente debe relacionar Maranya con Benicàssim, tendría que ser el centro de Benicàssim y tener ese reconocimiento. Creen que es un lugar idóneo para que las jóvenes puedan sentirse parte de algo importante y colectivo porque para ellas ha significado mucho: aprendizajes, momentos importantes, recuerdos inolvidables, …. Por eso Maranya para ellas no es una sola cosa, son muchas, como la propia vida. Sienten que la vida es difícil de describir y les pasa lo mismo con Maranya porque esta es vida. Les gusta la diversidad del colectivo, las diferentes edades, los gustos, las actividades,… creen que cada una puede hacer lo que quiera gracias a toda esta diversidad. “Tú vienes aquí y puedes ser lo que tú quieras que sea, porque tienes esa libertad de hacer tu actividad y crear en ese momento lo que quiera el grupo. Eso es lo bueno. Sería difícil de explicar porque cada grupo lo ve desde una perspectiva. Desde el grupo de consumo se verá todo completamente diferente a como lo ven los niños o los adolescentes. Eso es lo bueno de Maranya, su diversidad” explica Joana (EG).

Las cartógrafas dibujan ciudades de papel inventadas, espacios que no existen en la realidad, pero sí en sus obras, en sus sueños, en su ambición de ser únicas o simplemente en su inquietud porque su mapa se diferencie del resto. Son frágiles porque ellas mismas las pueden hacer desaparecer, pero muy fuertes a la vez porque se pueden extender alrededor del mundo. Las unen con otras ciudades, con otros pueblos, con otros lugares, las cruzan en el destino de mucha gente, en los caminos de muchos mundos. Las ciudades de papel se vuelven reales cuando se reconocen y pasan a formar parte de nuestra identidad.

Maranya es nuestra ciudad de papel, surgió de pensarla, de dibujarla en una hoja, de la inquietud de las jóvenes por diferenciarse del resto y de compartirla con el mundo. Surgió de la utopía, de aquello que siempre piensas que nunca se podrá hacer realidad hasta que al final se acaba impregnando en el mapa imborrable de mucha gente.

Podrán borrarla de algunos mapas sobrantes, pero ya nos ha atrapado tan fuerte a tantas personas que será imposible hacerla desaparecer. Se podrá transformar, crecerá, se hará más pequeña, se reproducirá, se convertirá en camino, en pueblo, en ciudad, en destinos de muchas personas aquí o allá, pero desearemos que no sea única y sí una entre muchas más.

Una entre tantes…

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